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La carmelita Apolonia Lizárraga fue aserrada viva y su carne lanzada a los cerdos.


“Actualmente se han encontrado testigos que nos refieren que estando ellos presos en la cárcel de San Elías en el año 1936, era de dominio público que el jefe de la checa, un tal «Jorobado», cebaba en total unos trescientos cerdos con carne humana. Que muchos presos eran echados a dichas piaras y que la General de las Carmelitas de la Caridad, Madre Apolonia Lizárraga, fue una de dichas víctimas que aserraron, descuartizaron (en cuatro partes) y luego en trozos más pequeños fue devorada por dichos animales que en la citada checa engordaban en número de 42”.( Antonio Montero ,Historia de la persecución religiosa en España, 1936-1939)

Apolonia Lizárraga, de 69 años de edad y natural de Navarra, fue capturada en Vich en los primeros días de septiembre de 1936, mientras intentaba buscar un refugio seguro para sus novicias y hermanas enfermas. Trasladada a Barcelona, el 8 de ese mismo mes fue aserrada viva.

Mucho más afortunadas fueron unas monjas madrileñas que sólo fueron fusiladas por los milicianos del PSOE-PCE al inicio de la guerra. Felix Schlayer (Matanzas en el Madrid republicano, Ed Áltera) describe los últimos momentos estas mujeres:

“De modo que se llevaron a las ocho monjas al referido cementerio para ejecutarlas, disparándoles junto a una fosa. La mayor de ellas gritó:”¡Supongo que serán mujeres las que  disparen contra nosotras, pues sería una vergüenza que los hombres se pusieran a matar mujeres!”. Tales palabras avergonzaron incluso a aquellas bestias ya dispuestas a disparar. Mandaron a buscar al pueblo mujeres que quisieran hacer de verdugos, pero todas las mujeres-jóvenes o adultas- se negaron. El Comité tuvo que llamar entonces a Madrid, desde donde les mandaron media docena de los criminales más endurecidos, que cumplieron el “encargo” sin el menor sentimiento de humanidad, ante la grandeza de aquellas mujeres que fueron a la muerte sin una queja.”

Violadas y “toreadas”:

“Sor Dolores y Sor Concepción lo llevaban en la cintura (un crucifijo), debajo del vestido de seglar y Sor Andrea, la más joven, puesto como collar. Por este detalle fueron reconocidas como “monjas” al bajarse del tranvía cuando llegaron al pueblo de Vallecas para dejar a Sor Concepción en casa de un tío suyo que no quiso recibirlas. Primero las apedrearon, después las condujeron al Ateneo Libertario del pueblo donde fueron acosadas, insultadas y detenidas. Durante varias horas sufrieron provocaciones inmorales por parte de los miembros del tribunal integrado por cinco milicianos republicanos. Seguidamente separaron a las dos más jóvenes de Sor Mª Concepción y las llevaron a una celda de la checa ubicada en el Colegio de las Religiosas Terciarias de la Divina Pastora. Allí, unos milicianos atrevidos y desvergonzados sometieron a Sor Dolores y Sor Andrea al terrible martirio de la violación. 

Seguidamente las llevaron a Los Toriles, como si fueran toros de miura. Allí las torearon y arrastraron mofándose de ellas un grupo numeroso de niños, jóvenes y milicianos adultos. Por último acabaron con su vida con un tiro que atravesó el cráneo, a Sor Dolores en el parietal izquierdo y a Sor Andrea en el derecho. A Sor Mª Concepción en lugar de torearla materialmente lo hicieron moralmente con provocaciones obscenas. Al final sufrió el tiro final en el cráneo, junto a la vía del tren en el término llamado del Pozo del Tío Raimundo, no sin antes proferir un grito fuerte como Cristo en la cruz. Como Él puso su vida en las manos del Padre y gritó: “Viva Cristo Rey”. Era el 3 de septiembre de 1936. Sus cuerpos fueron enterrados en el cementerio de Vallecas, pudieron ser reconocidos y rescatados en 1941”. (Hijas de la Caridad)

El caso de las 23 monjas adoratrices:


El 9 de noviembre de 1936, los milicianos comunistas descubrieron que en un piso del centro de Madrid se escondían 23 monjas adoratrices. En realidad, su estancia en tal lugar, aunque discreta, era un secreto a voces, por lo que no debieron ser pocos los horrados vecinos de izquierdas los que presentaron su delación en tiempo y forma ante la autoridad revolucionaria comunista. El caso es que todas las religiosas fueron trasladadas a la checa de Fomento, donde fueron torturadas y después asesinadas.

Estos son únicamente algunos ejemplos de las actividades criminales que socialistas, comunistas, anarquistas y la gentuza de Esquerra Republicana de Cataluña perpetraron contra  mujeres pertenecientes a distintas órdenes religiosas durante la Guerra Civil. Ahora estos hampones del pasado vuelven a desenterrar momias ajenas y a gritar: “Arderéis como en el 36”.

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