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Las olvidadas matanzas de civiles en la Cataluña de Companys (1936-1939)


Catedral de Barcelona
Companys, el Sublime Muerto, es considerado un héroe, un referente moral y político por el nacionalismo catalán y la izquierda del “Estado español”, por lo tanto, no es sorprendente que cada año le rindan homenaje las máximas autoridades de la región catalana en una sentida ceremonia…y que no haya aldea ni ciudad donde no exista una calle que lleve su nombre. Pero ¿Cuál fue su legado? ¿Merece este asesino en serie, más afecto al crimen que Charles Manson y los carniceros de Rostov y Melwaukee, la calificación de “presidente mártir”?

Luis Companys, presidente de la Generalidad durante la Guerra Civil, asesinó hasta el último momento de su permanencia en el Poder:

 “Las últimas víctimas de Companys, fusiladas en Montjuich en agosto de 1938, fueron sesenta y cuatro, entre ellas seis mujeres en avanzado estado de gestación”. (Francisco Gutiérrez Latorre, La república del crimen; cit en Barraycoa, 2016)

Y se jactó de sus delitos cuando iba camino del exilio en estos términos:

“De esos ejemplares (frailes) ya no queda ni uno en Cataluña”.

Durante el mandato de Companys, personaje que es definido hoy en día como “presidente mártir”, se desencadenó una orgía de sangre nunca vista en la región:

“Antes de matarlos, a muchos les amputaban los brazos, les arrancaban los ojos, la lengua, los testículos…y se los ponían en la boca. ¡La muerte simbólica precedía a la literal! Hubo verdaderas carnicerías por calles y campos”. (Jorge Albertí, autor de La Iglesia en llamas)

“A Bartomeu Pons, ecónomo de Pacs, lo llevaron atado, en viacrucis, por las calles del pueblo. Le daban latigazos mientras andaba y luego lo ataron a pleno sol para deshidratarlo. Una mujer le echó a la cara una jarra de agua. Luego, lo llevaron a una presa de vino y allí lo aplastaron. “¡A ver qué vino sale!”, decían los milicianos mientras reventaba”. (Memoria del comunismo, F.J. Losantos)

"Antonia Pau Lloch, de Alfarrás (Lérida) tenía setenta años y era madre de dos sacerdotes jesuitas. El Comité Revolucionario la detuvo y la maltrató vergonzosamente en los locales del Ayuntamiento. Después la llevaron a un lugar llamado La Plana del Magí; allí la estrangularon y dejaron su cuerpo en la cuneta (…) La forma de ahogarla fue clavándole el propio crucifijo, que siempre llevaba colgado, en la boca (…) En más de una autopsia el médico tropezó con lo mismo: un crucifijo incrustado en los maxilares hasta el ahogamiento. Es otro patrón de crueldad anticatólica, junto a la castración  y el arrancamiento de la lengua y los ojos al clérigo, cuando aún estaba vivo". (FJL, Memoria del comunismo, 467-468)

En relación al número de  personas que asesinó el “presidente mártir”, mediante los 200 Comités de Milicias que creó, tenemos las cifras aportadas por Javier Barraycoa:

 Persecución religiosa: 2.441 asesinatos de religiosos (1.538 curas, 824 religiosos, 76 monjas), incluyendo 3 obispos catalanes. En agosto de 1936, las patrullas de Companys mataban 70 curas al día. En Lérida fue exterminado el 65% del clero, en Tortosa el 62%, en Vich el 27%, en Barcelona el 22%, en Gerona el 20%, en Urgel el 20% y en Solsona el 13%. En fin, un 35% del clero de toda España fue asesinado en Cataluña.

Asesinatos por militancia política: Companys acabó con 1.199 carlistas, 281 lligaires, 117 de Acción Popular Catalana, 110 del Sindicato Libre, 108 falangistas, 213 de la CEDA, 70 de Renovación Española, 36 de la Unión Patriótica.

Asesinatos de periodistas: 54 víctimas.

Asesinatos de poetas y literatos: al menos 17 víctimas.
Sor Ángeles, sor Josefa y sor Felipa, tres monjas adoratrices de Barcelona, sufrieron crueles martirios antes de ser asesinadas.
El carnicero de Lérida no despertó grandes simpatías entre los suyos… y quienes le conocieron en profundidad jamás hablaron bien de él:
 “Companys era pequeño, esmirriado, caprichoso, inseguro y fluctuante, sin ningún pensamiento político, intrigante y sobornador, con pequeños egoísmos de vanidoso y sin escrúpulos por ascender. Su ignorancia enciclopédica y la poca profundidad del hombre no daban para más” (Juan Puig Ferreter)

Companys en el fondo era un enfermo mental, un anormal excitable  y con depresiones cíclicas; tiene fobias violentas de envidia y de grandeza violenta, arrebatada, seguidas de fobias de miedo, de persecución, de agobio extraordinario y a veces ridículas. ¡Cuántas veces el señor Maciá, con energía, regañándolo, excitándole el amor propio le había tenido que sacar de ese aplanamiento en que lloraba y gemía como una mujer engañada”. (Juan Solé Pla, diputado de ERC)

El 15 de octubre de 1940, el genocida fue fusilado en Barcelona. Su muerte careció de tintes heroicos: se derrumbó en el momento del inminente trance y se resistió, de manera poco épica, a pasar a mejor vida todo lo que pudo, por lo que tuvieron que conducirlo a rastras hasta el lugar de ejecución. No deja de ser extraño que su cónyuge, una prestigiosa espiritista catalana, jamás recibiera de los numerosos muertos con lo que habló comunicación alguna sobre el destino político de su marido...

Crímenes perpetrados por socialistas y comunistas, aliados de Companys, en otras partes de España.

"Contrarrevolucionario" devorado por los cerdos. Véase Torturas practicadas en Cataluña  entre los años 1936-1939. 

Los muertos tampoco escaparon a la furia revolucionaria. En la segunda fotografía aparecen  numerosos cráneos, una momia decapitada y el féretro de un niño. 
Sobre esta imagen afirma lo siguiente Nicolás Salas en su libro La otra memoria histórica: "Esta macabra fotografía de milicianos frentepopulistas portando cabezas cortadas de sus víctimas, fue censurada por algunos periódicos republicanos, pero la imagen traspasó las fronteras y se publicó en diarios extranjeros".

"Al llegar a Badajoz, las tropas nacionales encontraron en las paredes de las cárceles las huellas dejadas por los cuerpos quemados vivos de prisioneros de las milicias del Frente Popular". Nicolás Salas, La otra memoria histórica.
La afirmación de Salas puede parecer infundada o sencillamente falsa; sin embargo, es necesario recordar que los estalinistas quemaron vivos a sus adversarios troskistas del POUM en Barcelona. Concretamente, los arrojaron vivos a las calderas encendidas del antiguo Hotel Colón (Plaza de Cataluña). Y no olvidemos que Andrés Nin, cabecilla de los troskistas, fue secuestrado en La Rambla de la Ciudad Condal y trasladado a Madrid, donde fue desollado vivo.


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